Gran Canaria es una isla

con muchas caras.

 

Una isla de mar, pero también de montañas. Una isla con cien playas bulliciosas, repletas con risas, pero también de calas escondidas. Una isla para hacer amigos, o para descansar, o para perderse y escapar del ruido. Sí, también para perderse.

 

Gran Canaria, la isla que rellena los escaparates de mil agencias de viajes, es también un particular destino de Robinsones. Del tipo de Robinson Crusoe que sueña con que nadie lo encuentre... al menos por unos días.

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